Base de Datos SER en el 2000


3.1 Relaciones entre gobierno y Fuerzas Armadas (problemas, conflictos, desarrollo)


Cabe destacar en este particular que, a partir del restablecimiento de la vida democrática en nuestro país, las relaciones entre las Fuerzas Armadas y el poder político institucional se han dado dentro del marco que prevé la Constitución de la República Argentina, que le asigna a dichas fuerzas el rol de defensa del espacio que comprende el territorio nacional.

Es claro que en 1983 y años subsiguientes a los que acertadamente se los definió como de "Transición Democrática" se vivenciaron ajustes en las relaciones cívico militares que recobraron la más absoluta normalización luego, a principios del primer gobierno del Presidente Menem y después de que éste reprimiera el último alzamiento militar de los llamados "Carapintadas".

Los factores que hasta ese momento generaban conflictos entre las Fuerzas Armadas y el Gobierno se derivaban básicamente de tres fuentes originantes: Los resabios de la llamada "Guerra Sucia" , "Proceso" o "Lucha contra la subversión", según sea el sector que haga referencia al tema , que había dejado una profunda herida, tanto en los sectores civiles como en los propios miembros de las Fuerzas Armadas, que impedía la reubicación de éstas dentro del marco institucional.

La derrota de la guerra por las Malvinas, que agravó la mala imagen de las Fuerzas Armadas tanto frente a los públicos nacionales, como internacionales. Cabe destacar que el primer gobierno democrático le imprimió a su política hacia las Fuerzas Armadas y de Relaciones Exteriores, un fuerte perfil desmalvinizador con lo cual se ahondaban aún más los conflictos entre el propio gobierno de entonces y las Fuerzas Armadas.

Al mismo tiempo se produjo, como ya hemos mencionado, un proceso de fuerte desinversión en el sistema de defensa, que detuvo el desarrollo normal que el mismo debiera haber tenido, a la luz de los nuevos requerimientos que un país como la Argentina demandaba. Mismos que, a su vez, tenían sustento en el hecho de que nuestro país deseaba insertarse en los ámbitos regional y mundial, ahora con una actitud previsible y de cooperación tanto en la región, como en el marco internacional más general.

Este proceso de desinversión, que aún continúa, es responsable en gran medida de las distorsiones que se pueden observar a simple vista, que según analistas confiables del tema, no dudan en calificar de colapso global del sistema de defensa argentino.

Tal vez sea éste último el aspecto más relevante en el que se enmarcan los problemas y conflictos de las Fuerzas Armadas con el gobierno constitucional, al que se le deberá sumar también vestigios de los dos puntos anteriores.

Actualmente las dos principales fuentes de problemas político militares, están determinadas por:

A) Graves problemas presupuestarios de las Fuerzas Armadas y todo el sistema de defensa.

B) Ausencia de una Directiva clara por parte del gobierno nacional de cual debe ser la política de defensa en la que las Fuerzas Armadas deberán inscribir su planeamiento estratégico.

Lo antes mencionado, claro está, sobredetermina entonces el grado real de fricción entre Teoría y Realidad de las tareas constitucionales que debieran desarrollar las Fuerzas Armadas.

Nadie desde dentro o fuera de las Fuerzas Armadas discute ya, en nuestro país, la necesaria subordinación que deben tener las mismas al gobierno constitucional. No se percibe ningún riesgo en este sentido. Tal vez la Argentina sea el ejemplo más claro, en el presente, de una acabada reinstitucionalización de las Fuerzas Armadas a la vida democrática dentro de la región.

En todo caso el debate está centrado principalmente, no en la necesidad de tener un sistema de defensa (nadie discute esto) sino en cuales debieran ser los principios en los que dicho sistema deberá asentarse.

En este plano, el viejo criterio de las hipótesis de conflicto, con sus consecuentes hipótesis de guerra, que cuenta aún con algunos defensores principalmente entre los miembros de las Fuerzas Armadas, viene siendo objetada por conceptos tales como el de disuasión, disuasión creíble o suficiencia defensiva.

Es evidente que según sea la posición que se adopte cambia el perfil del instrumento militar a diseñar. En la actualidad, hay proyectos legislativos de reestructuración militar, que precisamente buscan resolver esta problemática para el futuro. En todo caso, lo que subsiste como problema de fondo es el retraso en la definición de una política general de defensa, con las directivas militares específicas con las que el poder político debe orientar a las Fuerzas Armadas.

En cuanto a la utilización de las Fuerzas Armadas en tareas policiales tanto la ley de defensa, como la de Seguridad Interior, son claras y taxativas.

Las Fuerzas Armadas no se dedicarán a tareas policiales. Para ello están las Fuerzas de Seguridad. En este sentido, existe una sujeción clara de las Fuerzas Armadas a lo que prevé el marco legal actualmente vigente.

Hay una sola previsión que hace la ley de Seguridad Interior, en el sentido de que las Fuerzas Armadas sólo podrán prestar un apoyo de carácter logístico a las fuerzas y operaciones de seguridad. Hasta el presente, nada hace suponer que las Fuerzas Armadas no se hayan sujetado a estos preceptos constitucionales.

Sin embargo es de hacer notar que, producto de los intereses de seguridad de los EEUU, que han colocado a lo que ellos llaman la "Guerra contra el Narcotráfico" como uno de los intereses estratégicos de la política exterior norteamericana, se ha introducido un fuerte factor distorsionante, ya que la política exterior norteamericana alienta en este particular un involucramiento concreto de las Fuerzas Armadas del continente en este tipo de lucha que es de estricta naturaleza policial.

Si a ello se le suma el desconcierto que sufren las Fuerzas Armadas en lo que concierne a los nuevos roles que el mundo post guerra fría le demanda a los sistemas de defensa de los países, veremos como este tipo de propuestas pueden retrotraer el pensamiento militar en una dirección peligrosa, cual es, la de accionar en las cuestiones internas de los estados. Esto que podría no ser tan grave en los países desarrollados, debido a la fortaleza de su tradición democrática, en cambio sí lo es en países que, como el nuestro, la reinstalación de la vida institucional es reciente y por lo tanto requiere reforzar el concepto de que la misión principal de las Fuerzas Armadas está en garantizar la defensa exterior del país y no en comprometerlas en cuestiones internas , aún cuando éstas toquen el plano de lo delictual, como lo es el narcotráfico.



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